Cómo funciona un clorador salino

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La cloración salina, y por tanto los cloradores salinos, ya se han convertido en una de las alternativas más demandadas para el tratamiento del agua de las piscinas, tanto privadas como públicas.

BS POOL (BSV Electronic)

Pero también debemos reconocer que aún tiene un importante margen de crecimiento. Son muchas las piscinas que no cuentan todavía con este sistema. Recordemos que se puede instalar en cualquier piscina, ya sea de nueva construcción o una ya existente.

En este artículo queremos explicarros de la forma más sencilla posible cuál es su funcionamiento.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que para que un clorador salino funcione correctamente necesitaremos, obviamente, agua y cloruro sódico (sal común). La concentración de este último es muy baja, aunque puede variar en función de las necesidades del modelo y del fabricante correspondiente. Hace unos años, la concentración habitual solía estar entorno a los 5 gr/litro (Unos 250 kilos para una piscina de 50m3), aunque en la actualidad muchos modelos han reducido dichs concentraciones, pudiendo encontrar cloradores salinos que necesitan únicamente de una concentración de sal de 2 ó 3 gr/litro.

En todo caso, estaríamos hablando de concentraciones muy, muy inferiores a la existente en el agua del mar, que suele ser superior a los 30 gr/litro. Por cierto, también existen equipos de cloración o electrólisis salina específicos para el tratamiento de agua de mar, pero ese ya es otro tema para otro artículo.

En cuanto a la sal, teóricamente podríamos utilizar cualquiera pero cuanto más pura y limpia sea, mejor. Tendremos menos sedimentos y restos biológicos en el agua, el clorador funcionará mejor y la célula electrolítica nos durará también más tiempo.

El funcionamiento se basa en una alimentación de corriente continua, un electrodo formado por placas, generalmente en paralelo, de las cuales una se conecta al lado positivo del alimentador y otra al negativo.

Al pasar el agua por esas placas, se genera un proceso electrolítico que produce algunas reacciones electroquímicas, separando diferentes elementos. Entre ellas, se produce la formación de H2 (hidrógeno), OH- (oxidrilo), O2 (oxígeno gas) y CL2 (gas cloro).

Una vez fuera del electrodo, los distintos elementos se unirán formando cloro (Cl), hidrógeno (H) e hidróxido de sodio (NaOH). Dicho cloro en el agua, genera ácido hipocloroso (desinfectando al destruir diferentes bacterias y posibles patógenos o algas presentes en el agua).

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También se habrán generado otros desinfectantes como ozono y oxidrilo radical.

Igualmente, el cloro también habrá producido ácido clorhídrico, el cual neutralizará el hidróxido de sodio. De este modo, volvemos a tener sal en el agua, y vuelta a empezar.

Como veis, todo este proceso, desinfecta el agua de la piscina de forma sencilla, rápida y completa, consiguiendo una gran calidad de agua, y reduciendo enormemente la necesidad de utilizar otros productos químicos.

¿Inconveniente? Todo el proceso genera un desgaste del electrodo y las diferentes placas con lo que con el uso y el paso del tiempo, deberemos proceder a su cambio.

¿Cada cuanto tiempo? Depende del uso que se le de y sobre todo, de las características de dichas placas y el electrodo, que varían en función de cada fabricante. Obviamente los hay muy diferentes y no son igual de eficientes, ni duran lo mismo.

Por otro lado, un aspecto importante es el de su instalación, que suele ser bastante sencilla (eso sí, dependiendo del espacio disponible para su colocación). Simplemente deberemos conectar el clorador salino al sistema de canalización (salida de impulsión; preferiblemente después de que el agua haya pasado por el filtro de la piscina).

Aquí deberemos tener en cuenta también el diámetro de la tubería por si corresponde con el de la tubería existente o si va a ser necesario el uso de adaptadores o reductores.

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